jueves, agosto 13, 2009

Y que decir de los salvapantallas, estos son maravillosos, puedes tener como en mi caso, diversas obras de Warhol, ora que si eres de los firmantes del despacho o un socio mega-ultra-mi-llo-na-rio puedes tener uno de los originales en tu privado, pero si no, tienes muchas obras y sin ningún costo (Sotheby´s, ¡Púdrete!) o cambiar, ¿Qué ahora estás en la etapa azul de Picasso? Pues busca y cambia tu colección, ¿Qué a ti te late lo abstracto, Googlea (si con la R de derechos no vaya a ser el diablo) Mondrian y baja lo que puedas, ¿Qué amas a Klimt? Hay tantas y tantas fotos de “El Beso”. Tendrás una colección digna de cualquier millonario.


















¿No te gusta el arte? Bueno puedes poner fotos de tus múltiples viajes por la Europas ¿No has ido a Europa? No importa, saca las fotos del Internet total no tienes porqué explicar a la gente cuando y con quien fuiste o no fuiste, puedes poner fotos de tu fiesta de XV, XVII o XXXV años, tu boda, tu playazo, la fiesta de fin de año, lo que sea, las opciones son infinitas…

Es por eso que cuando veo a compañeros de trabajo con un escritorio tan sin chiste, me dan ganas de redecorárselo ¿Qué te gusta? ¿Qué foto quieres? No es necesario que uses el mousepad espantoso de la marca de computadoras, puede ser uno tuyo; la taza de tu café puede ser del color y marca que gustes, no necesita ser offwhite sin chiste, tu botella de agua, puedes adquirirla en cualquier supermercado, o ya entrado en gastos en las tiendas de deportes o las cafeterías de la Sirena, (si caramba es una sirena) o las tiendas de té que tan de moda está ahorita. Es tu lugar, tu asiento, es tu vida de lunes a viernes de nueve a siete, y nada ni nadie te la podrá quitar… (claro está a menos que te corran o te “mudes a otra casa”).

Pero bueno retomando el punto es que si casi no estamos en nuestra casa, ¿Porqué no hacer una extensión de nuestro lugar lo más parecido a nuestra casa o que tenga algo que sea nuestro? No quiero decir que ya por eso nos traigamos nuestra planta favorita, adornarlo con cortinas y peluchotes ridículos o ponernos a clavar la foto de la boda o de toda la familia cuando fuimos a Apatzingán pero si hacerla un poco más dulce y llevadera aquí estaremos de nueve a seis o a veces hasta las siete ergo, menos horas en casa, si así estamos más contentos y es mejor ver en tu computadora ya sea una imagen de alguien especial o de un momento especial o de algo que fue increíble para ti en ese momento; o una obra de arte de algún museo al que no puedes ir pero que la puedes admirar en cada momento que tener el típico paisaje de Windows en azul chíngame la retina, o el perro corriendo, o el logo de Windows, (aquí entre nos solo se salvan el desierto, la luna y el de la ventana). Es algo así como tener un cuadro en tu casa al que le dedicaste un momento para saber el lugar exacto en el que estará.


Mi salvapantallas es de distintas formas, a veces con obras de arte de Klimt, de Warhol o fotos, porque si de hecho tengo que tener arte conmigo, me encanta todo lo relacionado con el arte (es más si me dijeran algo así como “que dice Jáuregui que si te cambias de aquí al Franz Mayer” no hubieran terminado Franz y mi silla seguiría dando vueltas y vueltas”).


¿Por qué no nos dejan personalizar? Se que no es nada bonito tener papeles tirados ni mugres en el escritorio, pero al final del día es una extensión de nosotros, esto es nuestra segunda casa, y si la primera- a la cual dentro de poco le diré ¡Adiós, adiós castillo! (pero hay que cantarla como la rola del Príncipe de la Canción “adiós, adiós princesa”; la vemos sólo de siete a siete (o a veces seis) y si a esas doce horas le agregamos ocho dormidos, entonces estamos cuatro horas diarias en nuestra casa, de lunes a viernes lo que nos da casi un día, obvio no se cuentan sábados y domingos.

Hoy hablaremos de...









Mi escritorio, amo mi escritorio es tan mío, (bueno si realmente esto puede considerarse tan mío, porque es lo único aquí que tal vez nos pertenezca) y si, digo que es tan mío porque realmente no tengo nada aquí que pueda pertenecerme, todo todo es propiedad del H. despacho, pero si vamos, tenemos que estar aquí años y felices días sepetecientas horas al día, pues como que tenemos que personalizar nuestro lugar, yo no podría trabajar en un escritorio donde no tenga en mi computadora un desktop con obras de arte o fotos tomadas por mi, o algo que diga "Es totalmente Laura”; en un lugar donde no permiten fotos familiares tengo un pequeño cuadrito con la foto de mi Di que me observa misteriosamente, un florero de papel hecho por el, cajitas de origami con adornos de paisleys (“amibitas les digo yo se oye más chido el asunto”)y plumas de colores, un calendario del Principito del último viaje a París que realizó mi hermana, es curioso en la vida he leído el principito pero el dibujo se me hace precioso, y la historia de cómo comenzó el cuento lo es más.


Tengo un portavasos de los Zares, (si el Zar Nicolás viera que sus obras de arte terminaron debajo de vasos y mouses o su coronación terminó para lapicero se vuelve a morir)

Tengo un elefante blanco de papel, mi “blank elefant” (dixit a propósito) que me recuerda que hay veces que es necesario que tengamos elefantes blancos, para seguir soñando.