martes, febrero 28, 2017

¡Ah, los turistas emocionales! I



“La diferencia entre el turista y el viajero es que mientras el turista se apresura por lo general a regresar a su casa al cabo de unos meses o semanas el viajero que no pertenece más a un lugar que al siguiente se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra.”

Paul Bowles.

El Cielo Protector


Lo siguiente es a cuento porque creo que todos queremos o bueno al menos soñamos con ser viajeros más que simples turistas. A todos nos encantaría estar en un solo lugar durante mucho tiempo,  preocuparnos por poco o casi nada, por disfrutar del día a día, admirar el paisaje, degustar la comida del lugar, vivir las experiencias de nuestro viaje o la gente que podamos conocer, etc.

Y  también los hay quienes prefieren turistear, y no está mal. Tienen todo planeado o a veces no, pero disfrutan sus semanas o meses y regresan a la comodidad de su hogar, de su entorno. Y está perfecto, tuvieron su experiencia y ya con eso son felices.

Mas hay un tipo de turista al que de verdad con todo - mentira- con nada de respeto les deseo las peores vacaciones. En figurado y literal. Y ese es el turista emocional.

Según los conocedores, el turista emocional es aquel que llega a la vida de una persona y se queda por poco tiempo; se va sin decir adiós y deja a ésta persona con una maraña mental, sin energía y con un montón de dudas en su cabeza. Hecho trizas y mierda pues.

Todos en algún momento de nuestra vida hemos llegado a ser parte del “destino vacacional” de 2 ó 3 de ellos. O peor aún, de uno en distintas ocasiones. 

Para los que no los conocen, créanme que no es nada bonito ser el resort, el destino, lugar de descanso, hotel de lujo- o como quieran llamarlo- de un ser que llega a tu vida, se maravilla con todo lo que encuentra, te rankea una y otra vez en 5 estrellas  y cuando estás más dispuesto a atenderlo, hace checkout y así tan fácil como llega se va.

Se quedan, como unos 2 ó 3 meses y cuando crees que está muy contento con el servicio y con la estancia, (algo así como si estuviera tomando el sol en la alberca con todo y margaritas al lado ), cuando crees estar más seguro de tu turista 1a. clase, es cuando este toma sus maletas y se larga. Según ellos ya pagaron y según tú piensas “Bueno por lo menos ya se fue”, pero luego caes en un error;  ya que volteas la cara y te das cuenta que tu verdadero problema apenas empieza.  A su paso dejaron tal desmadre como si hubieran sido estrellas de rock en el Andaz West Hollywood o Chelsea Hotel. Físicamente te sientes destrozado, desanimado, desilusionado y sin ganas de salir. Tu autoestima, tu confianza y tu sentido de orientación se lo bebieron como si les hubieras dado acceso del 100% gratis al mini bar.

 Lo peor de todo es que en el fondo, sabes que le permitiste acceder sin pensar en las consecuencias.



Entre la Lógica, Aristóteles y la Serendipia III

“- ¿Y esa es tu forma de agradecer a la gente? ¿Besándola? - le contesté en tono burlón.

-Cágala pendejo, cágala- Me dijo Ari.

-¡NO!- respondió ella,- es que… ¡Ay, olvídalo!-.

-Vamos, no… no quise decir eso… es que… - trataba de remediar la situación.

-¡Ay! eres igual que todos- 

Me quedé callado y respondí- Sí, puede ser, pero…ninguno besa como yo.-

Ella se quedó callada y echó a reír.

Todo esto que te cuento fue real, y es cuando quiero dejarte en claro la diferencia entre Aristóteles, lógica y Serendipia”.-

“No me importa la diferencia- le dije observándolo fijamente- al final le dijiste algo muy cierto-.

-¿Qué?-

-Que nadie besa como tú- Y lo besé, o me dejé besar para que probara nuevamente su teoría.

Entre la Lógica, Aristóteles y la Serendipia II


“Por coincidencia del destino, su camioneta no pudo salir y yo como buen caballero me ofrecí a llevarla a su casa, bajamos sus compras y de vuelta al estacionamiento para que pudiera recoger su camioneta. Como buen caballero me despedí sin insinuar nada. Mi lógica me aplaudió mientras mi querido Aristóteles me repetía que era un soberano pendejo y que de seguro no le había pedido ni su teléfono, twitter, facebook, o de perdis paloma mensajera.

Aquí entró nuevamente la Serendipia y días después, mientras buscaba lugar para estacionarme frente al deportivo para jugar frontón, la vi salir, nos saludamos efusivamente,claro que después de que yo salí del auto como espía perseguido, dejándolo encendido y tropezando con todo pero dos pasos antes traté de ser el hombre más frío y controlado del planeta.

Mientras hablábamos de cosas vanas y arreglando el mundo y nuestras vidas, llegamos al punto de cuando nos conocimos. Me agradeció por el gesto tan amable y caballeroso que había tenido.

Aristóteles empujó a mi lógica y se apoderó de la situación cuando ella me dijo: “De verdad agradezco el que hayas estado ahí pero…me quedé con ganas de besarte”

Tanto a Ari como a mí se nos cayó la lógica y los calzones, pero como siempre nos portamos fríos y calculadores  como debemos portarnos en esas situaciones.

-Ah y eso ¿Por qué?

- Pues te repito, fuiste muy caballeroso y quería besarte como agradecimiento. Ví como me mirabas en el súper y me gustó y vamos no es que me gustes mucho pero siempre se agradece que alguien te ayude-.

Entre la Lógica, Aristóteles y la Serendipia I


“Mientras esperaba que tocara mi turno para pagar en el Wal-Mart volteé hacia mi izquierda y me fijé en ella.

Era bonita, como esas chicas bonitas que te encuentras en la escuela. La bonita popular que todo mundo quiere con ella. La inalcanzable. Ví que tomó una revista de chismes (léase TVNotas) y mientras mi lógica me decía “Ataca” y se preparaba como hombre de mundo, mi Aristóteles me susurraba que inclinara mi cabeza ante ella para rendirme a sus encantos.

Ella continuó su lectura con una revista de deportes. -¿Le gustará el mismo equipo que el mío?- Pensé - ¿De verdad le gustará leer eso? - Vamos, eso no lo hago ni yo, y no es que me considere un hombre que no ama los deportes pero soy más de vivirlos que leerlos. 

Cruzamos miradas y seguimos nuestro camino cada quien a su caja, a su pago y a su auto.

(Y es aquí donde entra la Serendipia), ¿conoces esa bella palabra llamada Serendipia?”

A mi me recordó a aquel cuento que tenía de niña donde un dragón muy bonito y rosita llamado Serendipity buscaba amigos y los fue encontrando sin buscarlos. Así que le hice ese comentario.

El sólo volteó hacia arriba en ademán de ¡Ay Dios! y prosiguió:

“Pues Serendipia entró en acción”- Me imaginé al dragón rosa en el estacionamiento de Wal-Mart pero no dije nada por miedo a matar aquella escena.

“Entre su Grand Cherokee, y mi automóvil había un Nissan rojo que algún idiota (al cual agradezco hoy) lo atravesó en el camino de tal forma que solo salía su camioneta si yo quitaba mi coche. No preguntes no hay lógica alguna”.


“¿Vas a salir?- ella me preguntó


“No babas, aquí vivo en mi auto en el súper” - respondí…mentalmente claro porque soy un caballero y jamás contestaría así. “Si dame un momento”- fue lo único que alcancé a decir.

“¿Sí sabes manejar verdad?- preguntó. Si fue coqueteo fue bastante malo de su parte así que solamente le contesté “tanto estándar como automático” y se me cayó toda la admiración que sentí por ella”.

Tratando de quitarme al maldito dragón de la cabeza, veía sus ojos claros y escuchaba su relato. E hice un ademán muy mío cuando estoy realmente interesada en la plática: apoyar mi cabeza en mi mano y meter mi dedo meñique entre mis labios. Que debo confesar que ese ademán es una señal de advertencia a la cual, como siempre, nunca le hago caso.

17 o No te puedo proteger

Tengo 2 millones de recuerdos de tu niñez. Desde tu primera sonrisa que fue la 1a noche que pasamos solos. La primera noche que salimos del hospital hasta hoy, pasando por el “mmmm pamomitas deishioshas” y nos sentamos a comer en las escaleras de Amsterdam, como si estuviéramos haciendo una travesura. Tu “pijolitos”, el que me enseñaras un portarretratos hecho por ti y asomabas tu cara. Eso y veinte mil cosas hasta llegar al “Vengo tomado… de la mano de nuestro señor Jesucristo”.



Me gustaría decirte que siempre voy a estar ahí para protegerte , pero enfrentémoslo, mientras más creces más debo entender que no siempre estaré ahí para que no te pase nada. Ya sabes, como dijera Dory, si te prometiera eso NADA pasaría contigo, así, nada.Así como tampoco te puedo proteger de tus cambios de humor o que este mundo tiene cosas o gente muy loca y que no podrá estar de acuerdo a lo que hagas o pienses. Tampoco puedo protegerte de tus sentimientos, esos solamente tú. 



Lo que si puedo hacer y eso siempre haré es  apoyarte, escucharte, y guiarte para que seas un Diego que luche por sus ideales, que proteja su gente y ame su entorno. Que sea respetuoso y cuando algo no le guste, que sepa tolerar aquellas diferencias,pero que jamás se quede callado sin decir lo que piensa. Un  Diego único en el mundo. El que yo siempre le pedí a Dios que me enviara.



Te amo Di.