Me acostumbré a ver películas en los canales de cine que la televisión por cable me ofreciera, incluídas las que estaban en el llamado On Demand, me suscribí a un Blockbuster, compré con los corsarios que venden “Cine de Arte” en frente de la tienda del Señor Slim allá en el centro y su sucursal en Insurgentes, enfrente de la Cineteca y el que está por el metro Chilpancingo. Se que ésto último no está bien, pero mi época de vacas flacas se reducía a: O pagas la renta y tienes un lugar donde ver películas o te compras Criterion y no tendrás DVD, Bluray y cuantimenos electricidad, tu escoges.
Llegué a ver muchas películas en DVD y algunas fui al cine. Por ese tiempo Su papá del Di y yo hicimos las paces y por amor al chamaco -y al cine -fuimos a dos que tres funciones juntos. Matchpoint fue digamos nuestra tregua cinéfila
Con la llegada y la rapidez de las nuevas tecnologías (dícese del Internet y ver películas On Line) encontré que hay infinidad de sitios para ver películas en internet, incluso se pueden bajar a tu computadora. Los que saben y que saben que tampoco es legal (inclúyome) le llaman “Festival Torrento o la Bahía.” Me decidí a ver una que otra película pero en honor a la verdad mi computadora es Lentium 2000 y bajar una película tarda más que lo que tarda en ser o no nominada para algún premio. Abandoné eso por un tiempo.
Hasta que llegaron los smartphones y tablets.
Ok, aquí confieso que soy fanática de mi celular y mi tablet y que el primero lo utilizo para todo excepto para hablar.
Pero regresando al tema, decía yo que con la llegada de esos pequeños y maravillosos aparatos, y más teniendo una conexión adecuada a internet las páginas para ver películas y bajarlas se abren en cuestión de minutos. Así que un día me armé de valor, de pila suficiente para mi teléfono y busqué la película de la cual todo mundo hablaba en ese momento: La italiana, “La Gran Belleza”.
Encontré un sitio donde la ofrecían hasta subtitulada(ah porque los subtítulos es otra historia) y configuré mi celular para que se bajara a la tarjeta externa y… eso fue todo. Eso en una tarde. Ya por la noche me acomodé en mi cama, me coloqué mis audífonos y corre película.
Se que no es igual, la pantalla es muy chica por muy grande que sea tu celular, y que jamás pero jamás se igualará a verla en televisión y ni pensar en pantallota. Pero me gustó verla así, estaba sola y no. A un lado en otra recámara estaba mi hermana en otra estaba otra hermana, en la sala todavía había familiares viendo televisión.Me sentía acompañada y al mismo tiempo en mi propio espacio pues.
Es obvio que si hubiera dejado la película en mi celular no tendría capacidad para nada. Así que la guarde en un USB, luego salió en cine y la fui a ver. Sola. Aún con un poco de nostalgia una porque eso te transmite la película y dos porqué no tendría a quien comentarla al lado. Aunque con orgullo digo que compré el bote de palomitas más pequeño(algo tenía que aprender).
La segunda película que vi fue la multipremiada, discutida y comentada “La Vida de Adéle”. Y a pesar de que sí quería verla en cine, lo pensé mejor y llegué a la conclusión de que la imagen de una señora sola viendo una película de dos veinteañeras enamoradas (con escenas de sexo muy explícitas) no era algo que la gente quisiera recordar de mí. Así que nuevamente hice uso de mi celular. Y debo agradecer el hecho de haberla visto sola.
Y de ahí pa’l real como se dice, he bajado uno que otro documental y una que otra película, aprendí a sincronizar los subtítulos a veces en inglés otras en español. Las que me gustan y merecen la pena las vuelvo a ver en pantallota y algunas otras las guardo.Sigo comprando DVD’s, y seguimos juntándonos enfrente de nuestra tele familiar para continuar con nuestro ritual cinéfilo así como el hecho de tratar -algunas veces con mediano éxito - de juntar a todo el enorme cast que conforma mi familia.
Y si, también voy al cine sola. Y Ya no compro solamente palomitas, a veces me compro nachos o hasta crepas según el mood.
Más hay veces en que extraño cuando, al acabar una función, pregunte o se me pregunte “¿Y a ti, que te pareció?”.


