Siendo muchos en la familia, el juntarnos para ir al cine a ver algo que todos queremos ver- sea para adultos o para niños- es una labor titánica, es mejor juntar a Peña y a Obrador y ponerlos de acuerdo para una foto, que el que nosotros coordinemos la logística de que película ver, quien compra boletos, quienes llegan primero, quienes irán por los combos correspondientes, quienes harán la labor de buscar los asientos o cuidar a la 3a generación y etc., etc., etc., -como diría Yul Brynner en el Rey y yo, -bueno es que así me gusta decirlo pues.
En casa matriarcal ver en familia una película (ó 2 o incluso 4) es otro cantar. Por lo general suele suceder en fines de semana o días festivos como precalentados navideños y año nuevo, cumples, Semana Santa (paréntesis aquí es de ley ver JC Superstar y todos del más chico al más grande nos la sabemos COM PLE TA, todo gracias a la aportación hippiosa de mi progenitora). Podemos estar pegados al sillón acomodándonos como sea -que por favor en esos menesteres somos expertos- y estar pegados como lapas durante horas; mas aclaro que no todo es miel sobre hojuelas; también tiene sus bemoles: el “retrocédele que no le capté, espérate que voy al baño, Fulano o Sutana sírvete el refresco y los monchis o ¿A quién “Laura te” toca hacer las palomitas?” (mea culpa, le he agarrado gusto a hacerlas caseras). A eso hay que añadir que algunas películas que veo son del poco o nulo gusto de la mayoría de los miembros de familia.
Cuando conocí a “su papá del Dí” entre muchas cosas supe que era asiduo asistente solitario al cine, cosa que al principio se me hizo extraña no pensaba que fuera algo común ¿Pero quien o porqué van al cine solos? Después el se enfiló a ser crítico y maestro de cine y fotografía y por ende asistimos más de lo normal a todas las funciones, festivales, ciclos, semanas y salas de 1a, de 2a, de 3a y en la calle, películas musicalizadas en vivo, películas tanto comerciales como del hoy obsoleto llamado cine de autor. Nació el Dí y lo llevamos al cine, cosa que le espantó la primera vez y decepcionados pensamos que nuestros intentos fueron en vano. Apenas calentaba motores.
Al separarnos, entre las cosas con las que no contaba era ver cine precisamente sola, películas para niños pues llevaba a mi vástago, pero y ¿si era una clasificación B? ¿O peor aún C? Era más que lógico que me tildarían de loca al querer llevar al pobre chamaco a ver un ciclo de Scorsese, Bergman, Kubrick o Allen; de saber que sería fan de los primeros me hubiera valido frutas y lo llevo, del último, todavía estamos en labor de convencimiento de que le guste alguna película. Algún día triunfaremos.
Recuerdo que la primer película que fui a ver sola fue “El Laberinto del Fauno”, en el Cine Diana; según yo bien sácalepunta entré al cine, me senté en los lugares de atrás a mitad de la fila y con palomitas y refresco me dispuse a verla. Cuando terminó volteé a comentarla con..¿Quién perdón? ¿Con las señoras encopetadas todas horrorizadas por que muere la niña (no hago spoiler si no la han visto lo siento ya pasó mucho tiempo) o a la pareja “gente-culta-pos-qué” (dixit mis hermanos) que discutían sobre el encuadre y repasaban toda la filmografía de Del Toro y que si hipotecó o no su casa? Me quedé triste sin saber a quién llegaría corriendo a decirle lo que había visto, o hacer la broma del mono ese de los ojos en las manos (Mentiroso el que diga que no lo ha hecho). ¿Quién dijo que era divertido ir sólo al cine?¿A quién diablos se le había ocurrido esa fantástica idea? Amén de no poder comentar películas y de ver mi bote de palomitas casi lleno, llegué en ese momento a la conclusión que jamás jamás volvería a ver una película sola.
De lengua me como un taco, o dos o una orden completa. La segunda que vi fue “París Te Amo” y repetí el ritual, saliendo igual de triste porque no estaba con mis hermanas quienes son mis acompañantes en este tipo de películas. Y como ritual me repetí la misma cantaleta. Y caí en la misma trampa: La 3a fue “La Ciencia del Sueño”, después de ver ésta ya no me sentí tan triste, creo que mi situación comparada con la perdedora vida de Gael en ese filme era de risa loca.

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