sábado, junio 11, 2011

Pequeña balada para Nueva York II


Ahí comprobaría lo que le dijeron en la Universidad, cuando estudió Arquitectura: "Si te paras desde cierto punto puedes admirarlo completamente sin necesidad de moverte a algún piso".Sonrió y se acordó de sus clases, y de lo mucho que admiraba a Frank Lloyd Wright, se acordó de aquella plática en la Universidad, y se acordó de ella. Y sonrió nuevamente.


Sonrió porque se acordó cuando le platicó sobre el museo y ello lo miraba asombrada; se acordó porque aunque ella semejaba y aparentaba un dejo de seguridad y el no tener tanto interés en él , sabía en el fondo que le atraía y bastante y que seguramente lo estaría extrañando, tal vez hasta se preguntaría que en donde o con quien estaría en este momento.

Y eso lo hizo sonreír:
"Pues sí, espero se pregunte, ¿Acaso no nos gusta eso a todos?" respondió desde su ego. Se recostó en la cama y al ver el techo, se acordó que ella le había recomendado ese hotel. Hizo una mueca:"Caray, si que sabe"; "O tal vez lo hizo por mí", escuchando nuevamente a su ego.
También recordó que ella le había "recomendado" emular aquella escena de 9 1/2 semanas en ese hotel; pero la verdad no le atraía la idea de meterse con una "mujerzuela" de aquellos lares - "Con Bassinger seguro que sí" - se dijo riendo. Pero en el fondo sabía que mejor que incluso Bassinger estaba ella, dispuesta a complacerlo en cualquier situación que el le propusiera. Pero inmediatamente se preguntó si acaso ella había complacido a otro u otros de la mismo forma que a él. Sabía que por ahí merodeaba un pasado - y no se
refería a el exmarido- y aunque ese pasado no había sido "nada" en realidad si habían hecho mucho; y que seguían viéndose; aunque claro no con el mismo fin. Pero, en cualquier momento, un paso en falso por parte de cualquiera de los dos , podría suponer el fin de "su relación" que aunque el no quería considerarla como tal, por un momento, pensó en que compartir el placer que ella le provocaba, no le hizo la menor gracia. Por unos segundos, mientras él, recostado en aquella cama del Chelsea legendario, mientras le daba un suave sol neoyorkino de tarde; sabiendo que podía salir a la 5a o 7a y tropezar con cualquier mujer fantásticamente vestida y como salida de película de Woody Allen o de Scorscece o de Coppola, sabiendo- por que ella se lo repetía, claro está- que a sus 44 años era un hombre sumamente atractivo para muchas y, que no teniendo relación formal con ella podía hacer lo que quisiera. Sabiendo todo esto, se enceló e hizo una mueca de disgusto-

No hay comentarios.: