Venir a Coyoacán es la onda, encuentras cosas que no son tan clichés como Frida y Diego. Caminando una lluviosa tarde de domingo, encontré lugares como una Alberca Pública todavía en uso, una casa sin los colores pantone cliché azul y blanco Coyoacán, una casa moderna que estaba en venta y cuyo mayor atractivo era la puerta de entrada color fiucsa, y me llamó tanto la atención que si hubiera tenido dinero, esa cantidad de dinero, en ese momento la compro. También encontré un lugar fantástico para comer como no tenían sopa de tomate en su lugar pedí sopa de cebolla.
A mi lado izquierdo una pareja, a mi lado derecho un hombre solo que comía y degustaba vino (eso si es muy cliché) y a su vez a su lado derecho unas chicas que llevaban a sus perros que aunque adoro a los animales, estos me sacaron de mis casillas, méndigos perros que con todo aquel peludo de cuatro patas que pasaba se le echaban encima en pos de "¿Que me ves wey? Éntrale que yo si te surto." Las pobres chicas pasaron toda su comida jalando a sus mascotas.
Aunque el señor del lado derecho estaba interesante, terminé adorando al tipo que acompañaba a su creo novia que estaba a mi lado izquierdo, por lo que platicaban, porque no se deshacían en arrumacos que a veces son bastante incómodos y de mal gusto, y porque se entendía o yo lo entendí así, que aunque cada quien vivía por su cuenta, estaban de lo más interesado en tener una vida juntos pero sin prisas.
Y pues nada todo esto vi en Coyoacán, yo que sólo venía por una sopa de tomate.

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