viernes, septiembre 25, 2015

Decisiones y contradicciones

Dado que soy un sapiensito cuyo defecto o virtud es analizar todo o casi todo, me puse a pensar en la inmortalidad del cangrejo… Y en lo contradictorios, indecisos y procastinadores que somos y nos gustar ser a esta raza superior; o humana como quieran llamarle.
¿Cómo nos empezamos a comunicar cuando pisamos por vez primera ésta canicota? Si nos vamos a la cuestión Darwin quiero decir- porque si nos vamos a la cuestión Adán el único problema fue que el señorcito ése (Adán, no el Señor con S) bien pudo haber dicho NO a la manzana y a la fecha estaríamos gozando del paraíso en mood no hagas nada, sin ropas, amándonos unos a otros  y viviendo juntos cual enorme comuna hippie-  ¿Nos comunicábamos por señas? ¿Oghs oghs? (que cliché tan espantoso pero es lo único que se me ocurre) ¿Cómo le hacíamos entender a la otra persona lo que queríamos? Creo fue ahí cuando empezamos a realizar dibujos en las paredes y comunicarnos mediante éstos  pero ¿La otra persona nos entendía realmente?
Después llegó esta maravilla llamada lenguaje y escritura y bueno no me explayaré sobre la escritura en los tiempos de hoy - entiéndase emojis, memes, gifs y demás parafernalia- aunque es irónico porque creo que con ésto regresamos a los tiempos de los dibujos en las paredes y creo, según mi humilde pensar, que nos damos a entender mejor.


El lenguaje al día de hoy es enorme vastísimo y cambiante, así como somos los sapiens hoy en día; y aunque tratamos de ser claros, concisos, contundentes y exactos, nos ha dado por no llamarle al pan, pan, al vino, vino, a no dar las cuentas claras y el chocolate ahora lo pedimos espeso pero con leche deslactosada light, pero sí que sepa a chocolate fuerte, ¿Estoy siendo clara, correcto?
A todo le damos mil vueltas y más si es para dar nuestra opinión, o punto de vista, todo con tal de no ofender o “herir poquito” a nuestro interlocutor con nuestra forma de pensar. No decimos no cuando debemos hacerlo, y el sí pocas veces lo decimos con enérgico enfásis como debe ser. O peor aún las decimos seguidas de “PERO”, palabra que casi siempre causa más problemas que soluciones.
Y si nos extendemos más allá del lenguaje encontramos nuestra forma de ver y desear cosas, personas, situaciones, lugares: Luchamos por algo y cuando lo tenemos nos deja de fascinar, ¡Ah! Mas si nos es arrebatado o quitado ese “algo” nos quedamos perplejos, y si tuviéramos a quién reclamar (oséase al de allá arriba) sería algo como esto:
“-¿Porqué me lo quitaste [inserte aquí la situación de su preferencia]-
- Pues ya no lo querías por eso te lo quité.
- Pero yo te lo pedí.
-Pero te estabas quejando..“Y así por secula seculorum.
Y no le echemos la culpa, Él sólo nos dió el libre albedrío, las complicaciones y demás situaciones solitos nos la creamos. Y hasta pareciera que nos encanta.

Creo yo que cuando sabemos lo que realmente queremos es cuando somos niños. Como hasta los 6 años.
Si queríamos comer, llorábamos, o lo decíamos; “tengo hambre y tengo ganas de..” y de ahí pal real. Lo que fuera, desde agua hasta una pizza.
Si queríamos dormir, llorábamos y lo decíamos o nos dormíamos, no estábamos con el pendiente de ¡ah pero tenemos pendientes! Si queríamos a alguien o por el contrario
nos caía mal, le haciamos fiestas o lo rechazábamos, si queríamos ser astronautas, bomberos, o marcianos o piratas o arquitectos, pues lo eramos sin tanto desmadre.

¿En que momento se pierde toda aquella confianza y decisión? Cuando crecemos nos hacemos más responsables y maduramos, pero nos llega de premio la contradicción y la indecisión.
No conozco a alguien 100% decisivo y 
0% contradictorio; eso no existe, somos humanos y conforme vamos creciendo nos vamos llenando de dudas, certezas, decisiones, errores, o cicatrices como suelen decirles algunos y otros, experiencias.
Al final nos convertimos en varios en uno solo.
Y sí, suena contradictorio.

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