miércoles, diciembre 30, 2015

Buscando a Nemo o la Ansiedad convertida en Adolescencia I

Memento de Nemo (así le dice el Dí)
Siempre me ha gustado la película Buscando a Nemo, y soy fan de Dory y de Crush.

Y me gusta por diversos motivos:

Porqué es divertida, porqué el dvd traía dos peceras donde podías tenerla en tu televisión por horas y horas (con el riesgo de arruinar tu dvd) y cuando vivía en mi pequeña casa de Támesis la usaba como lámpara para dormir.

Y porqué fue la primera película que vio mi retoño.No aguantó la obscuridad ni los primeros 10 minutos y salió despavorido junto con unos abuelos preocupados y un padre decepcionado y triste porque pensó que jamás le gustaría el cine.

Gracias a Dios no fue así.

Pasaron algunos años y a mi vástago le nació no solamente el amor por el cine. Le nació el amor por la lectura, por la crítica y por escribir. Creció pues.

Irónicamente su crecimiento, madurez y camino hacia el ser adulto a mi me está costando trabajo. Lo admito y no es que no me guste verlo crecer. Al contrario me alegra y soy su fan número uno. Más también soy de las primeras en preocuparme en lo que le sucede.

En mi caso mis preocupaciones pasaron del : "¿Qué juguete le compraré para Navidad/Reyes/Cumple/Día del niño? o ¡Tiene temperatura! o Es que le está saliendo su diente y le está doliendo" al "¿Dónde estás? ¿Por qué no contestas el teléfono? Tienes hasta cierta hora para llegar. Cuídate (física,mental y emocionalmente hablando)"

Del hablar si existe el coco o los robachicos o Santa o Los Reyes Magos, al existen cosas llamadas drogas, sexualidad (y  todo lo que la palabra implica) que los robachicos ya no nada más roban chicos.

Del llevarlo de la mano a la escuela y al cruzar las calles  y empezar a utilizar la frase de Marlin: "De mi aleta, de mi aleta"  a empezar a dejarlo ir solo a cualquier lado.

Y conforme van creciendo te das cuenta que también tenemos que crecer con ellos, saber de que hablan, porqué hablan de lo que hablan, si sus amigos piensan igual y que aunque no piensen igual o anden en "malos pasos" según nosotros, no permitir que eso los arrastre, que sepan que pueden contar contigo y al mismo tiempo saber y hacerles entender que tienen que empezar a resolver muchos problemas por su cuenta.

Cuando un bebé o un niño pequeño se siente mal, llora, o se expresa por algún medio para hacerte saber que se siente mal. En un adolescente es peor puesto que muchas veces no se expresa ni llorando, ni enojándose ni gritando. No se expresa. Punto.

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