Entre otra de las particularidades que tienen los turistas emocionales es su gran habilidad para evadirte. Y vaya que algunos lo logran.
Cuando tratas de contactarlos para saber si les agradó la estancia o cual fue el motivo por el que partieron abruptamente, obtienes un sin fin de respuestas desde la más inverosímil hasta la más parca, muchas veces obtienes una respuesta estilo “yo me comunico después con ustedes”, como cuando quieres negarte a un vendedor. O de plano ni se dignan en contestar. Así de simple.
Y aquí viene una situación muy irónica. Cuando empiezas a arreglar el desmadrito que dejaron, cuando limpias a fondo todo su mentado tiradero y desorden, cuando crees que ya está todo en orden, aparecen de nuevo.
¡Sí!, Aparecen porque quieren vacacionar nuevamente, porque creen que tienen membresía platino y de por vida. Y con una frescura te saludan como si te hubieran visto hace un día, o que estuvieras deseoso de volver a verlos para que se queden unos meses más.
Lo más irónico de todo, es que a veces si deseas que se queden.
Y así puedes seguir, hasta que sabes que se convirtió en un círculo vicioso.
No voy a negar que no conocí a uno que otro de estos turistas y que los dejé entrar en mi vida. Tampoco negaré que me divertí con ellos o que me la pasé bien, así como tampoco deseo que regresen. Ya no.
No quiero un turista emocional, no quiero a alguien que me visite 3 ó 4 meses y luego desaparezca sin decir agua va para luego regresar como si nada hubiera pasado, como si realmente nos hubiéramos dejado de contactar hace 3 horas antes de perdernos la pista. O seguir queriendo tener la relación (cualquiera que esta sea); repito, como si el desastre que dejaron atrás no hubiera sido absolutamente nada.
NO. Yo quiero a un viajero. A alguien que se quede y explore, que exploremos juntos, que nos conozcamos, que nos disfrutemos. Alguien que si tal vez no se queda toda la vida que por lo menos se quede años para llegar a conocer este loco lugar que representa toda mi persona.
Un viajero que como bien dice Bowles, se desplace con lentitud de un lado a otro de mi ser.

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