“La diferencia entre el turista y el viajero es que mientras el turista se apresura por lo general a regresar a su casa al cabo de unos meses o semanas el viajero que no pertenece más a un lugar que al siguiente se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra.”
Paul Bowles.
El Cielo Protector
Lo siguiente es a cuento porque creo que todos queremos o bueno al menos soñamos con ser viajeros más que simples turistas. A todos nos encantaría estar en un solo lugar durante mucho tiempo, preocuparnos por poco o casi nada, por disfrutar del día a día, admirar el paisaje, degustar la comida del lugar, vivir las experiencias de nuestro viaje o la gente que podamos conocer, etc.
Y también los hay quienes prefieren turistear, y no está mal. Tienen todo planeado o a veces no, pero disfrutan sus semanas o meses y regresan a la comodidad de su hogar, de su entorno. Y está perfecto, tuvieron su experiencia y ya con eso son felices.
Mas hay un tipo de turista al que de verdad con todo - mentira- con nada de respeto les deseo las peores vacaciones. En figurado y literal. Y ese es el turista emocional.
Según los conocedores, el turista emocional es aquel que llega a la vida de una persona y se queda por poco tiempo; se va sin decir adiós y deja a ésta persona con una maraña mental, sin energía y con un montón de dudas en su cabeza. Hecho trizas y mierda pues.
Todos en algún momento de nuestra vida hemos llegado a ser parte del “destino vacacional” de 2 ó 3 de ellos. O peor aún, de uno en distintas ocasiones.
Para los que no los conocen, créanme que no es nada bonito ser el resort, el destino, lugar de descanso, hotel de lujo- o como quieran llamarlo- de un ser que llega a tu vida, se maravilla con todo lo que encuentra, te rankea una y otra vez en 5 estrellas y cuando estás más dispuesto a atenderlo, hace checkout y así tan fácil como llega se va.
Se quedan, como unos 2 ó 3 meses y cuando crees que está muy contento con el servicio y con la estancia, (algo así como si estuviera tomando el sol en la alberca con todo y margaritas al lado ), cuando crees estar más seguro de tu turista 1a. clase, es cuando este toma sus maletas y se larga. Según ellos ya pagaron y según tú piensas “Bueno por lo menos ya se fue”, pero luego caes en un error; ya que volteas la cara y te das cuenta que tu verdadero problema apenas empieza. A su paso dejaron tal desmadre como si hubieran sido estrellas de rock en el Andaz West Hollywood o Chelsea Hotel. Físicamente te sientes destrozado, desanimado, desilusionado y sin ganas de salir. Tu autoestima, tu confianza y tu sentido de orientación se lo bebieron como si les hubieras dado acceso del 100% gratis al mini bar.
Lo peor de todo es que en el fondo, sabes que le permitiste acceder sin pensar en las consecuencias.

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