“Por coincidencia del destino, su camioneta no pudo salir y yo como buen caballero me ofrecí a llevarla a su casa, bajamos sus compras y de vuelta al estacionamiento para que pudiera recoger su camioneta. Como buen caballero me despedí sin insinuar nada. Mi lógica me aplaudió mientras mi querido Aristóteles me repetía que era un soberano pendejo y que de seguro no le había pedido ni su teléfono, twitter, facebook, o de perdis paloma mensajera.
Aquí entró nuevamente la Serendipia y días después, mientras buscaba lugar para estacionarme frente al deportivo para jugar frontón, la vi salir, nos saludamos efusivamente,claro que después de que yo salí del auto como espía perseguido, dejándolo encendido y tropezando con todo pero dos pasos antes traté de ser el hombre más frío y controlado del planeta.
Mientras hablábamos de cosas vanas y arreglando el mundo y nuestras vidas, llegamos al punto de cuando nos conocimos. Me agradeció por el gesto tan amable y caballeroso que había tenido.
Aristóteles empujó a mi lógica y se apoderó de la situación cuando ella me dijo: “De verdad agradezco el que hayas estado ahí pero…me quedé con ganas de besarte”
Tanto a Ari como a mí se nos cayó la lógica y los calzones, pero como siempre nos portamos fríos y calculadores como debemos portarnos en esas situaciones.
-Ah y eso ¿Por qué?
- Pues te repito, fuiste muy caballeroso y quería besarte como agradecimiento. Ví como me mirabas en el súper y me gustó y vamos no es que me gustes mucho pero siempre se agradece que alguien te ayude-.
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