Llegó la hora de los sagrados alimentos: Los adultos nos dividimos en los que cuidan a los pequeños mientras otros terminan de arreglar sus tiendas de campaña. Realmente no fue gran pleito y todos fuimos un equipo, en ocasiones solicitábamos a los adolescentes que nos ayudaran quienes a esas alturas están en el difícil asunto de hacer lo suyo- ser adolescentes-.
Cuando terminamos tan afanosa tarea, procedimos a enorgullecernos de nuestras obras y tomarnos fotos y selfies para que el mundo entero viera nuestra gran tarea. Lo cual nos llevaba a otro gran fenómeno. Todos traíamos celulares, tables, pilas externas y demás gadgets- no se nos fueran a acabar y luego como avísamos a nuestros familiares y amigos que estábamos a casi 50 metros de fondas y restaurantes y a casi 100 de casas de descanso ultralujosas amén del wifi gratis ¡POR CASI TODA LA ZONA!
Después de la hora de la comida algunos adultos nos metemos a la tienda de campaña para descansar. Yo entré a la tienda para leer, meditar, y encontrarme conmigo misma, y no a dos adolescentes texteando sobre lo maravilloso que se la están pasando; así que los mandé- por verme polite y no decir que corrí- a que convivieran con otros de su especie y se mojen, actividades que en honor a la verdad todos debemos hacer y pues dejamos que nuestros angelitos se vuelvan durante un rato en lo que siempre han soñado: Un hato de salvajes.
Llegó la noche, la cena y la fogata, cualquier campamento que se precie de serlo debe tener una fogata con bombones y salchichas asados y con varitas recogidas del suelo. Los campistas entramos en el mood pijamero pants, que aquí entre nos ver a los más pequeños en ese outfit la verdad si da ternura y envidia porque es algo que a veces nosotros como mayores olvidamos, (me refiero a disfrutar esos momentos, no a las pijamas).
Ya en la madrugada comienza a llover y de verdad le recé a todos los santos e incluso a Buda digo por lo del campamento tibetano, porque nada más fuera una lluviera ligera y no los chubascos a los que estamos acostumbrados en la tan llamada ahora CEDEMEQUIS.
Como a las 3:00 a.m. ví luces de linternas fuera de la tienda y supe por experiencia pasada que son agentes federales cuidando la zona. Aunque recordé aquella escena de Jurassic Park II cuando mientras el grupo dormía “tranquilamente”, se ve la sombra del T-REX fuera de la tienda. Como si esto fuera a hacerse realidad. Salí con mis debidas precauciones - por precauciones entiéndase, linterna, celular, chamarra y mis rezos al mil- los 3 oficiales fueron muy amables y nos recomendaron que si se llegaba a inundar el campamento -recuerden que estábamos cerca de un río- nos fuéramos a proteger en las cabañas que más tarde se convierten en puestos de garnachas y que no, jamás encontraremos T-REX o Velociraptores, que lo mucho que llegaremos a ver serían mapaches, tlacuaches, y todo animal que termine en ache.

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