jueves, septiembre 22, 2016

Como sobrevivir a un campamento 3a. Parte


A las 6:00 a.m. me despierto nuevamente recordando que mi rutina diaria es levantarme para ir al baño y pues sí, si hay baño, pero tiene horario y estoy fuera de él, ergo me encamino a la naturaleza  y hago lo que cualquier ser humano como yo haría en esa situación.

Aguantarme hasta que abra el baño. (Olvídenlo, no haré lo de la pala nunca en la vida)

Regresando de mi caminata de 3 minutos para olvidar el baño, me quedé sentada hasta ver el amanecer y  fue ahí donde en mitad del bosque que está en mitad de una zona turística, con tiendas de todos tamaños y con una tranquilidad como pocas y cuando pude ver el cielo todo estrellado,  el escuchar a los grillos, (mis perros y gatos se hicieron cargo de hacer huir a los que vivían en mi casa); me dí cuenta que realmente no le hemos perdido ese “temor reverencial”- por llamar de una forma más elegante al PINCHE MIEDO” a  nuestra querida Madre Naturaleza,  por que si no ya le hubiéramos hecho harto daño hace mucho. 

Realmente, por mucho que querramos a la naturaleza, que ansiemos estar unos días en comunión con ella, ya sea playa, sierra, bosque, parque, o camellón, por mucho que digamos que odiamos las ciudades, etc. etc., o que se escuche el por eso prefiero la provincia, seamos honestos, no dejaremos la tecnología y sus avances y sus gadgets y que nos nos desharemos de ellos.

Pero siguiendo con la bitácora, cuando visitamos la famosa cascada Velode Novia fue otro show, la gente baja en procesión. Y entre más tarde llegues más gente hay. Hay gente que de plano se mete a nadar como si fuera alberca pública, entiéndase con todo y ropa (nunca entenderé eso) y que van al bosque en tacones y maquillaje  o ropa de vestir (otro misterio más, como la de ¿cuántas chupadas se necesitan para llegar al centro de una Tutsi Pop? tal vez el mundo nunca lo sabrá).

Ver la cascada impone, aunque no sean las de Iguazú o las del Niágara, aunque hayan tres bares cerca, aún así impone.

Ya de regreso se comienza a levantar todo, los niños siguen hechando desmadre como si no quisieran regresar y los papás levantamos y empezamos a planear lo que haremos mañana - el budismo valió madres- eso sí,  sin dejar indicio de que hubo un campamento o séase no dejar el lugar hecho un cochinero.

Cuando llego a casa veo mi cama y caigo inmediatamente en ella agradeciendo a Dios, a Buda y a todo ser celestial  y omnipotente que mi amor por el campismo y senderismo no dura más de un fin de semana y que eso de hacerle al trekking se lo dejo a Reese Witherspoon.

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